Hombre Confinado

El mundo había pisado los frenos y el ser humano se obligó a asilarse. Las noticias eran lúgubres: las imágenes de muertes apilados unos sobre otros abundaban en cada uno de los noticieros mientras los expertos debatían y se refutaban sobre cuál era la mejor manera de atender la crisis. Entre tanto, la gente observaba con atención e inconscientemente cayendo en un estado de paranoia colectiva.

Él había cultivado el hábito de filtrar sus canales de información lo máximo posible. Habiendo trabajado en el ámbito mediático por gran parte de la última década, pudo presenciar en carne y hueso lo tóxico que ese mundo puede ser. Ahora, dedica 40 minutos para leer el blog de un antiguo reportero de la BBC que decidió dedicar sus años pensionistas a la edición de la noticia, desnudándola a los hechos crudos.

Sus años en las bambalinas contrastaron con una regia austeridad financiera. Ahorró y ahorró todo lo que pudo para crear un colchón financiero que le diese la oportunidad de navegar sin viento. Ahorró todo lo que pudo y compró una casa de piedra natural en las montañas –de arquitectura brutalista, sencilla, y amueblada con lo necesario. Se ahondó en el estoicismo y en el hábito de hacer de su tiempo y su vida una dedicatoria a un esencialismo social, mental, emocional y material. Con mínimas distracciones, su afección por la comodidad estilista occidental murió.

Era una mañana fría y el gobierno había decretado un confinamiento obligatorio, so pena una cuantiosa multa para quien se atreviese a irrespetarlo. La sociedad perdió su civismo y sus buenas maneras y arrasó con todo lo que pudo. Quizás esta sería la última oportunidad para complacerse y esta idea aterró a las masas. Las grandes instituciones guardianas del bienestar se vieron acorraladas por una pérdida de control sigilosa que reptaba por el globo de un país a otro. Todo cuanto se edificó y promovió como la cúspide del desarrollo humano sucumbió ante la presencia de un enemigo invisible, un enemigo cuya llegada fue advertida por la academia y la ciencia más estas habían sido reprochadas e ignoradas. Un enemigo que abrió las costuras del desarrollo sin importarle domicilios y logros.

Era una mañana fría y la primera de muchas, pero para él, era otra. Se abrigó bien, desde la cabeza hasta los pies, montó la canasta a su bicicleta y salió camino al mercado. Compró las verduras de la semana, las legumbres, manzanas y bananas, el pescado, los enlatados y el resto de su dieta la cual rara vez cambiaba; no tenía por qué – sus placeres culinarios suelen ser los más sutiles. Detestaba la muchedumbre compulsiva pero disfrutaba hacer la compra en el mercado local, donde los clientes eran los mismos de siempre y en el que reinaba una ley no oficial: la compra se hace con calma y respeto.

Disfrutaba del tiempo que dedicaba a cocinar, de la buena música y de los buenos libros. El conocimiento era un campo amplio y vasto y él podía pasear sus manos y ojos por sus pastos por horas. Podía sumergirse en la hermenéutica helénica, en las novelas de García Márquez, y los estudios religiosos. Leía en los idiomas que sabía hablar y lo hacía en voz alta para el deleite de su vecina.

-“Hoy toca un poco de piano, ¿no?” le gritaba la señora desde su balcón con una carcajada cómplice. Efectivamente, hoy tocaba piano y él tocaba las piezas de Chopin y Schubert hasta con los ojos cerrados

-“Tocas de maravilla”, suspiraba la señora con los suyos abiertos de gozo.

Recelaba de su tiempo y cuando era social, lo era con personas que le aportaban algo diferente. Consecuentemente, su grupo de amigos los tenía contados en los dedos de su mano izquierda y así lo prefería; relaciones constantes y no resurgentes. Y el sexo, también disfrutaba del buen sexo, del tipo que no se detenía con el éxtasis, sino del que pausaba para embriagarse un poco, desearse más, excitarse aun más, y derretirse nuevamente. Disfrutaba de los besos y las mordidas, de las temperaturas súbitas a flor de piel y de las caricias finales con las que todo terminaba horas después. En esa harmonía carnal, la promiscuidad le era tan atractiva como un cuchillo rascando la superficie de vajilla fina. La vida era corta y altamente volátil. Tan volátil que las advertencias de los más conocedores pasaron desapercibidas hasta que el agua llegó a los pies de la puerta de una sociedad ensimismada. El mundo había pisado los frenos, el ser humano se aisló pero para él, el confinamiento y la sencillez eran su hogar.

Dedicaciones Vagas

Dedicas tus inspiraciones
a quienes no las merecen;
salvedad desperdiciada, 
pero tú así lo quieres.

Los gritos significan poco
si solo son enojo inocuo
pero en tus ojos veo otra cosa, 
aunque a estos ya desconozco.

Es que no son ánimos de ordenarte
mucho menos de menospreciarte.
pero si me ves y me escuchas, 
no hay motivos que explicarte.

Que aunque rasques mi espalda
y exculpes mis heridas,
la voz sigue siendo tuya, 
y esa voz me humilla. 

Dedica tu arte, 
tu ánimo y alegría
a quién estimes bien y merecedor
a quién celebre tus días.

Pero a mi no me veas,
ni me dirijas la palabra
si insinuadamente me escondes
para tu frágil memoria. 

Y es que uno no construye
lo que dos sostienen,
¿Para qué dejar el aliento
en caminos que no convienen?

Así que no me dediques tu arte
tus ilusiones y tu amor,
y cuando escupas al espejo,
recuerda lo que hiciste,
te lo ruego, por favor. 

Tu Refugio

Te veo
tendido en tus heridas,
tus heridas abiertas.
Te veo frente a mi,
en sollozos y arrepentimiento.

Y es que no hay lucha sin cicatrices
No hay lucha sin dolor
Unos ganan
Otros pierden.

Te veo
y me pregunto quien te dañó.
Quién dañó tu corazón?
que late tan mecánico y abultado. 
Quién dañó tu alma?
que inhala y no exhala.
Quién dañó tus ojos? 
que observan pero no se asombran.

Te veo 
y siento tu dolor
Pero no puedo ser tu remedio.
No tengo una solución
que te devuelva lo que no te quité.

No se como reparar
lo que no he roto.

Cuando el dolor corta lo profundo
y el silencio calla todo,
la piel escoce 
y la memoria acosa.

No se como repararte
pero puedo prometer algo:
Seré tu refugio
Seré tu sanctuario

Seré tu techo que te cubra de la lluvia
y el que te de cobijo del azote y la penuria. 
Seré las paredes que te permitan sanar y recuperar
Seré el reposo que te deje soñar
Seré la llama que te arropa sin cesar. 

Te veo y te siento...

Ir Más Rápido

Todo dice
que ha llegado el momento de dejarlo atrás
pero mi corazón es como un no
y fluye sin principio o fin.

Pero no puedo ir rápido
ni aunque  lo quiera
No puedo ir rápido
ni aunque solo así fuera.

De todos las almas rotas
las mías y las de otros
Esto es lo que más me encanta

Y es que está en mi
está en mi amor,
en mis venas y en mis pulmones.

Así que no puedo ir rápido
ni aun si esa voz me lo diga
no lo quiero evitar.

Embriágame, 
sumérgeme en esta locura
déjame tonto, 
ya mañana me arrepentiré.

Esto no es un juego
pero se enzaña como uno
Soy como el niño
que ve el juego y quiere jugar.

Soy el que quiere sudar
y ver lo que puedo dar.

No voy a ir más rápido
ni porque quiera o pueda
simplemente quiero probar tu sudor
y que tu pruebes el mío.

Poder sin poder

Pon atención,
dame un momento.
Puedes y debes aprender
lo que nadie me advirtió.

Nada te va preparar para lo que suele esperar;
ni el tiempo de tus años
ni la juventud de tu vigor. 

Puedes soñar
y aprenderás que no es suficiente,
Y querrás llorar
pero verás que poco lograrás. 

Sentirás abandono
y la sal de tu sudor;
la sentirás bajar de tu frente
al calor de tu amor. 

Mas ten presente
que las humillaciones serán muchas,
los vilipendios, contínuos
y tu enojo, vasto.

Escucha bien; 
si puedes escuchar, escucha, 
Y si quieres entender, entiende.

No serás lo suficiente
ni menos de lo adecuado. 
Pero déjate la piel y lastima tu voz
Aprende y entiende
lo que nadie me enseñó.

María la del Coro

María conocía todas las canciones del himnario desde la primera letra hasta la última. Años y años cantando y dirigiendo el coro la habían hecho una especie de leyenda urbano-religiosa en las esferas dominicales. Cantaba los miércoles, los jueves, los sábados y los domingos. Cantaba mientras cocinaba y cantaba mientras planchaba. Su vida era el canto.

Era de apariencia bastante modesta pero afable. Recibía a las personas con una amable sonrisa que se extendía desde una esquina de sus gruesas gafas hasta la otra. Usaba el maquillaje necesario para esconderse las arrugas que ya le agrietaban su semblante y por supuesto, visitaba la peluquería al menos una vez al mes. Siempre se le miraba con una falda bastante conservadora con su figura, una camisa manga larga bien planchada y algún broché.

Sus compañeras de la iglesia soñaban poder cantar como ella; conocer cada letra y marcar cada nota a la perfección. Todas hablaban de María como si fuese su mejor amiga, posiblemente porque ella daba esa impresión de cercanía y encanto hospitalario. Y es que para sus ojos, María la del coro era un modelo a seguir – el pastor aplaudía su compromiso con la iglesia y aunque oficialmente no ostentaba ningún cargo dentro de la organización, su opinión llevaba peso.

Era un jueves por la tarde. Mientras cantaba una vieja balada de los años 70s, María estaba preparando la comida del fin de semana. Su marido estaba ocupado haciendo lo que nadie sabía qué – él no daba razones de sus asuntos privados. Esa tarde, María tenía un compromiso que había hecho hace casi dos semanas y era necesario dejarlo todo recogido. Lo contrario, supondría tener que hacerlo el siguiente día y eso le complicaría un poco el resto del fin de semana especialmente con las actividades de la iglesia.

-“Bueno, bueno… creo que ya está”, se dijo a sí misma. La comida estaba preparada, la ropa planchada, y la cocina recogida. Sabía muy bien que se podía ahorrar mucho tiempo contratando a una hermana de su iglesia para que le limpiase y le planchase la ropa – desde luego tenía suficiente dinero para hacerlo – pero confiaba más en sí misma para el trabajo. Eso significaría tener que estar pendiente y eso le incomodaba mucho, solía decir.

-“Ah, es cierto, a las 17:30 frente a las puertas del parque”. Tomó el post-it y lo dejó sobre la cocina en un lugar visible. Podía haber llamado a su marido pero sabía bien que a él le desagradaban las interrupciones.

A continuación, se puso su abrigo, se amarró el pañuelo al cuello y tomó la bandera y salió por la puerta.

El mitin al que iba saldría desde el Gran Arco y caminaría hasta la Plaza Central. Las elecciones estaban cerca y era el momento de hacerse sentir en las calles. Esa jornada electoral era un especie de referéndum sobre las iniciativas de control ambiental y las de acogida de refugiados que habían polarizado la opinión pública. El mitin era para hacer una muestra de fuerza de los ciudadanos hartos de los supuestos favoritismos que el gobierno le hacía a estas políticas “irresponsables y poco realistas”. María se sentía personalmente identificada con este movimiento.

Por supuesto, ella no consideraba que estaba haciendo algo malo o peor aún, racista. Ella simplemente pedía que se respetasen las leyes y se dejase de implementar políticas que ponían en riesgo el estilo de vida que ella tanto apreciaba. La llegada de inmigrantes solo significaba más extraños por sus barrios mientras que las políticas ambientales, solo traerían más impuestos. Así se lo decían y ella así lo creía. Era necesario poner a coto a la administración, al menos por las siguientes dos horas. Era la hora de marchar.

A las 17:30, estaría frente a las puertas del parque para tomar el autobús e ir a los recitales del coro. Hoy tocaba aprender una canción nueva.

Besos de Agua

La sinfonía ya toca su pieza
la música ya pasea por el aire, 
trance perfecto en un mundo imperfecto.

Pero las gotas caen
al ritmo del compás;
con un baile sincronizado, 
ajeno a la humana paz. 

Divina realidad
que me privas del más allá,
con besos de agua me recuerdas
que mi experticia 
poco más es
que una alegría entre fallas. 

Convencionalismo y sensacionalismo
del bien y el mal
planean y conspiran
entre pasadas estatuas de sal, 
pero la sinfonía toca, 
cuál dulzura tan banal

En este refugio donde los besos duermen, 
no hay mas que memorias
de aquellos que sienten. 

Aquellos que tropiezan,
y sus penas sollozan, 
Aquellos que sonríen, 
por reflejo aprendido,
y aquellos que caminan
entre clavos y cumplidos. 

Besos de agua,
se posan en mi ser
como ligeros paños
que me invitan a ceder.

La sinfonía toca
seduciendo el cautiverio, 
y los besos atrapan
y lanzan al destierro. 

Divina realidad, 
y cuan dichosa tu fragilidad, 
porque te quiebras y te remiendan,
y caminas con humildad.

Y con ello me acuesto
en este momento de soledad, 
Recortado entre besos
ojos cerrados y manos alzad.

Que la música y su sinfonía me abracen
y los besos de agua me levanten. 

Te vi

Te vi en mis sueños
como un abrazo perfecto.
Te vi en mis pesadillas
como brisa en el desierto.

Te vi en el camino
como advertencia y buen amigo

Te vi en mis risas,
celebrando mis conquistas.

Te vi en mis alegrías
y en mis momentos de euforia, 
como un viento que sopla
y le da alas a mi memoria. 

Y te vi en mis caídas
en el suelo, a mi lado, 
con codos y rodillas en sangre
pero sonriendo denodado.

Pero ya no te veo
y no quiero saber por qué.
Te escapaste de mis sueños
y me siento solo al caer. 

Ya no te veo
y no quiero volar;
porque siento que se me abren las heridas
y empiezo a sangrar.

Ya no te veo
excepto en mis recuerdos, 
¿Por qué no te veo en estos mejores tiempos?

Ya no te veo
y no se qué decir; 
sin ti no hay risa
y sin ti, 
no me vi. 

Cruz

Paso a paso
llevo conmigo mis alegrías, 
mis penas y derrotas, 
a un lugar de paz.

Particular es el momento, 
singular la emoción.

Paso a paso
llevo mi cruz, 
clavada a mi espalda;
es lo justo
y no es falso.

Este es mi cámino, 
estoy consciente de que así lo escogí
así es mi destino, 
a ello le sonreí.

Soy la victima de mis acciones
y el padre de mi entierro, 
la consecuencia de mi impertinencia
y la espera de mi paciencia. 

Llevo mi cruz
hasta donde lleguen mis días, 
y hago lo mejor de cada uno, 
y de cada una de mis alegrías.

No valen las quejas
desde niño entiendo que hay que decidir;
que no rueden las lagrimas
porque así he decidido vivir. 

La paz llegará
de eso estoy seguro. 
Bendito sean los cielos
Que he aprendido a ser contento
y con ello a lo maduro. 
La paz llegará
de eso no hay duda, 
así que sigo con mi cruz
y nada quedará. 

Así que no me compadezcas
hay peores males por los que llorar
y no me sobrevalores
no pretendo ser un héroe. 

Ve lo que es
y entiende lo que se siente.

Porque cada quien
carga la suya,
su cruz con su orgullo,
y cada quien le hace frente,
de alguna manera y consecuente.
Yo llevo la mía;
paso a paso
día a día

Cómo un Niño

No me importa
no me importa nada;
Tienes persuasión
y yo soy el tonto 
que cae en la redada. 

Me siento como un niño
facilmente engañado

No creo
cuando no veo que estamos juntos
No lo creo
y prefiero pensar lo contrario

No me molesta
No me molesta nada,
Saber que esto es un recuerdo
de lo que fuimos y no llegamos a ser.

El cariño está allí
lo siento en tu mirada, 
Así que esto es un engaño
que ha salido de la nada. 

No te creo
Cuando dices que no me necesitas
Asi que no pretendamos
que cada quien camina a su misa.

Es como un momento ajeno,
una pesadilla fugaz, 
te despiertas conmocionado
pero estás en lo veraz

Será que nos rendimos?
es qué ya no hay más?
Esto es un engaño
un engaño de la nada.