Mi habitación tiene libreros llenos de hojas, llenas de historias, de cuentos de sueños y de fotos rotas.
Es una hojarasca de mis memorias que dudo que encuentres buenas historias.
Mi habitación es un cementerio lleno de huesos, de esqueletos; Con corazones vivos que no quisieron dejar de ser.
Yo sigo perdiendo el camino, el sendero a mi habitación; Aunque mis exabruptos sean mentales Los sentimentales lo niegan quizás puedas encontrar el camino y señalizarlo en mi destino.
Mi habitación esta tapizada de pieles extrañas que me han rasgado y les he rasgado, en su momento a veces rápido y otras lento.
Mi habitación guinda desde lo alto y no sé como llego ahí. Mi habitación requiere cuidado y tacto Mano firme fiel sensación.
Puedes dormir en mi cama y abrigarte en su llama; Escucharás los ecos de las pisadas de mis encuentros sus esperanzas y sus lamentos.
Pido seas paciente, ruego no les juzgues; mi habitación es mía con sus encantos y mis espantos.
Mi habitación es mi suma, es mi resta porta mi risa y mi cruz.
No es locura ni confesión; a mi alma es terror, de que busques y la encuentres por mala suerte o buen amor.
Tus relatos son elocuentes trascendentes y vacíos.
Son frases incompletas, vocales enunciadas, que esconden entre sus letras la semilla plantada.
Un genesis sin la tentación es un paraíso sin vocación, que se disipa en la mente se aleja de lo perfecto y lo que está por conocer.
Pero en tu caso se cayó, en tu caso germinó mas tus relatos lo esquivan con sus manos escondió.
Porque cuentas bien tus días, cuentas sus mañanas y sus tardes, más sus noches solo son lunas a tus días son solo partes.
Tus relatos son mil cuentos que se reviven uno sobre el otro; cuentos rotos y cuentos largos cuentos tibios y amargos.
Cuentos sin príncipe sin princesa y sin dragón; Cuentos serenos, cantos de sirena, que son centro sin principio o fin.
Tus relatos me entrañan, se configuran en mi mente, con sus piezas dispersas en un plano blanco dependiente.
Piezas de mil formas amorfas y coagulantes; coalescencia sin sentido con espacios al sombrío. Se funden como pueden, como tu reloj te lo permita, como tu valor te deje, como tu consciencia te lo dicte.
Tus relatos son dictados y en mis hojas los he escrito; con mis ojos los detallo con mis dientes los mastico.
Tus relatos son carentes aunque en función son presentes a mi oración; espacios latentes a tu opinión son suficientes.
Si me quisieras tus latidos sincronizarían y latirían conmigo, en unísono y polífono, por ti y por mi.
Si así lo hicieras me dirías con tus ojos me los clavarías en el alma, Que hasta los santos los sentirían, mi angel te celaría, y mi diablo también.
Si me quisieras sería amor del tipo justo, Comedido por la semana, abundante de viernes a domingo.
Recogerías mis despojos y resguardarías mis expolios, Solo los buenos porque así me edificarías, Los otros serán lecciones del domingo.
Si me quisieras, te largarías conmigo, con mis planes y los tuyos; la aventura desventurada y nuestra fortuna mal laborada.
Nos largaríamos hasta el confino y unos pasos más allá. Regresaríamos con mente renovada alma valiente que no falla.
Si me quisieras no me harías esperar, estos versos te los diría con ellos te haría soñar. En los embrollos de mi mente, los exabruptos de mi ser, en mi piel incandescente, si me quisieras todo esto podrías ser.
Dos gotas que se esconden, Del cielo y la tierra; Que disertan tu vista Y enfilan tu juicio.
Dos gotas de oro Oro puro y conciso, En huecos de barro, A tu faz trasnochada Del justo y preciso.
Dos gotas de oro Que cuentan tus fortunas, De hecho en trecho Del niño al hombre.
La labor de tus manos De tu esfuerzo y orgullo, Que engullen al resto Y les escupen sin aviso.
Ojos como los tuyos Que todo lo ven En perlas y quilates.
Mides tus dientes, Lo largo de tus uñas, En pureza impoluta Una vida resoluta.
Ojos como los tuyos De oro precioso, Que llevan la cuenta del día Y el valor del minuto.
Como granos al tiempo Se desliza el difunto, Tus ojos lo estiman Lo alaban y apremian.
Ojos de oro Immutable e inalterable, Que de entrañas salieron En un trono de acero.
Ojos como los tuyos, Que su gratitud le son deuda Más la tuya son perlas.
Perlas sabias En tierras paganas, Que se la comen los cerdos Y a tus ojos insultan.
Ojos como los tuyos Ojos de oro, Piadoso perdón Amable vara en cordón.
Más ay de tus ojos Y de su querido dorado, Cuando el agua nos alcance Te verán ahogado, Y recordarás el día Ese estilo despreciado, Añorarás ir a la viña Ciego y valorado.