Castillos de Arena

Nada se construye en el aire
menos los castillos de arena,
aun estos hacen su baile
y caen sin mucha pena

Poco se hace con manos ociosas,
peor con mentes que divagan
en mucha ansiedad terminan
y en poca cosa culminan

Pero sin herramientas
no se construye
y sin imaginación,
no se crea.
El reloj bien instruye
como la mente procrea.

Solo buscamos ese momento,
un mínuto infinito;
donde la mente se expande
y el corazón se abre.

Solo queremos esa escena
Donde las piezas suman
y nunca restan
donde las almas se funden
y los ojos sueñan

Nada más que desear la oportunidad de soñar;
sueños de castillos de arena
y largos y eternos bailes.

Lágrimas y lamentos

Las lágrimas sin lamentos
son como la lluvia del verano
cae sin remedio
pero no lleva ni mata

Son como el sol en el invierno
que brilla para consuelo de tontos
Sol en inverno
que es de nadie y menos mio

Todo nuestro
pero nada propio
es que acaso pagaremos tan alto,
para vivir con tan poco?

Lagrimas sin lamentos
para algo verdadero que se llevo el viento

Ruegan como plegarias
y suenan a promesas
pero son solo simples súplicas
y un juego de cartas en la mesa

Y si el precio es tan alto para algo tan bajo
el conformismo no bastará cuando el tiempo de el atajo

Lagrimas sin lamentos son palabras vacías
palabras vacías que se las lleva le viento
y no tengo remedio ni memoria
para este misero tiempo.

Porque por mucho que ruego
y por tanto que implore
siento que desprecio
todo lo que a la vez aprecio.

Y este desprecio, ceñido a promesas
no es más que el precio que pago por bajezas.

Un hombre llamado No

La nueva moda de movilidad compartida había aterrizado en la gran ciudad y fue recibida con los brazos abiertos por una administración pública incapaz de comprar un solo autobús. Para una urbe acostumbrada a la comodidad automovilística, la idea de participar en un sistema que conservaba la privacidad del coche propia pero disminuía su presencia resultó idónea.

No, trabajaba como auditor interno en una de estas nuevas empresas. Ubicada en el barrio que estaba de moda, la empresa como muchas de sus contemporáneas, había adoptado la nueva forma de hacer del trabajo un juego. Naturalmente, los compañeros de No eran todos jóvenes, recién graduados e infinitamente motivados para cambiar al mundo una idea a la vez. La mayoría habían sido contratados en los últimos seis meses como resultado del crecimiento exponencial del mercado y de la demanda por la movilidad compartida. Con una edad media de 23 años, algunos de ellos eran veganos y los que no, comían como que si lo fueran; todos eran fanáticos de la comida sin gluten, las frutas orgánicas, las prendas de ropa abultadas, la jerga gramaticalmente inconsecuente, y lo que los sátiros americanos llamaban, el progresismo despertado. La oficina era una jungla conquistada por los productos Apple. Los compañeros de No decidieron que pese a que no había mucha luz natural, la oficina requería de algo de vida por lo cual un lunes llegaron con plantas que requerían poco sol y poco agua. El contraste monocromático entre lo verde y lo blanco eludía la necesidad de contratar cualquier sentido de decoración.

No, sin embargo, sí comía muchas carnes, se vestía con ropa poco llamativa, portaba accesorios que sí le servían, era casi 8 años mayor al resto y no tenía una sola planta en su escritorio, salvo cuando uno de sus compañeros le regaló una para que no se sintiera apartado. No, se reservaba su opinión y prefería alinear sus reglas personales a las sociales – proceso que poco contravino con su manera de ser. Llegaba a la hora que se le pedía y salía a la hora acordada ya que cumplía con su trabajo sin causar alboroto y con poca necesidad de coordinarse mucho con sus compañeros.

En la era de la tecnología, las famosas nubes de Google digitalizaban todo incluyendo cualquier documentación necesaria para una auditoría. Esa facilidad le vino genial cuando negoció el puesto de trabajo en la entrevista. En la entrevista, una de esas mostrando haciendo, No demostró que estaba plenamente capacitado para cumplir con sus obligaciones y que podía agregar una diversidad discreta al trabajo

Y es que No era de pocas palabras – las necesarias – es más, se limitaba a una sola: “no”. Sin explicaciones ni preguntas, sus compañeros asumían de que padecía de alguna impedimento más eso solo eran rumores. Sus compañeros, leales a sus valores, jamás resintieron su introversión y al contrario, supieron medirla. Entendían que lo más que podían esperar era un monosílabo o un discreto sonido de aprobación. Ellos eran de mente abierta y lo tomaron como el ying a su yang, o el yang a su ying, dependiendo a quien uno le pregunte.

Socialmente hablando, si No se alegraba, entristecía o molestaba se desconocía, pero sí estaba claro que cuando algo era de su desagrado, él diría un simple y honesto “no”. Cuando sus compañeros le invitaban a salir de fiesta, de esas que suelen hacerse en las azoteas que dan vistas a más azoteas, No a veces las aceptaba. Llegaba a la hora acordada, bebía un par de cervezas y si la broma era verdaderamente graciosa se reía con hilaridad muda. Si la propuesta intervenía con sus planes caseros, él secamente decía que “no”. Estos planes caseros eran muchos: leer un libro e imaginar un final alternativo. Ver películas y más películas, consumir documentales con voracidad y por supuesto, meterse a la cama en una hora adecuada. Era un hombre sano, sin vicios pero tampoco parecía que los de otros le molestasen. Su manera de ser le evitaba los desvelos innecesarios, los halagos forzados y la amistad digitalizada que era tan propia común en estos tiempos. Su vida era sencilla pero le funcionaba ya que de esta manera evitaba comprometerse de manera innecesaria – algo que ya decía mucho.

Hasta donde todos sabían, él era un extraño a los problemas personales y a los líos que agobian a los simples mortales como un recibo de electricidad disparatado o una tarifa sorpresa en los viajes. Su paciencia parecía superarlo todo y como era de esperar, siempre estaba la opción de decir que no. Vivía solo y con pocos dispositivos electrónicos lo que en la era de la información sin privacidad se traducía en hermetismo si no que  la pre-historia. A él no le molestaba ni veía necesidad de ello y esto le premiaba con veladas de música mientras cocinaba sus platos preferidos, una cabeza menos ajetreada con las noticias y las opiniones de lugares y personas que jamás conocería, y en general menos ansiedad que le daba largas y profundas horas de sueño.

Efectivamente, No era un ser de blancos y negros en un mundo atrofiado de colores e intensidades que pasajeramente disfrutaban de los momentos y corrían angustiadamente al siguiente. No, No era diferente y así le gustaba su vida.

Te extraño

Cuando camino hacia una dirección
oigo un suspiro que me roba la comprensión
Solo te extraño en tu ausencia
cuando no te oigo y llora mi consciencia
Solo te extraño cuando camino
cuando palpita a un ritmo dañino.

Y es que tienes una manera,
una forma muy singular,
en tu tono de voz a veces irregular
que a veces no me deja respirar.
Una manera tan simple y precisa,
sutil y endiabladamente concisa.

Solo te extraño cuando quema el sol
y la sombra no me calma del calor,
Y extraño el ruido de tu silencio
cuando oigo el alma bajo mi aliento.

Me haces extrañar correr
cuando debería caminar;
y esa risa de los niños,
que la tuya me hace recordar.

Extraño la lluvia que acaricia todo
cayendo suavemente a su ritmo y a su modo.

Y es que te voy a extrañar
en mis tiempos de cólera y en mis tiempos de gloria
te voy a extrañar
en los tiempos de sol y en las ricas y serenas brisas.

Te voy a extrañar a la hora de recordar
que detesto las despedidas y ver el tiempo pasar

Duda

Desde la tierna edad
te vi sin pensarlo
y confié sin dudarlo.

Desde la tierna edad
Seguí a mi estrella
como candil en la calle
y no le quité la mirada
como un gato en el muro.

Pero ahora siento que cambio
y tengo dudas,
el juez y el testigo de esta corte
siento que no están de mi parte
No se porqué confío
Si es por rutina o por castigo
No se porqué lo rezo
quizás sea por llevar la contraria
quizás sea porque envejezco

Ahora en esta edad
te veo pero lo pienso
te confío pero lo dudo
te sigo al sur aunque yo veo al norte
Confío en tu juicio
pero me incomoda tu corte

No se porque oro sin ver una respuesta
lo cierto es que lo hago
aunque mi duda esta bien puesta.

El Paraíso

No logro recordar
lo antes de ti
ni me puedo explicar
Por qué a mi?
Seguramente,
las cosas seguiran
pero simplemente
desconozco
como acabarán

Pudo ser y alcanzar
lo que pocos llegan
a extasiar
Pero como todo lo bueno
también cayó
y de lo que supimos
ahora se desconoció

El paraíso
mal interpretado y añorado
siempre estuvo
pero nunca se quiso

El paraíso que rechazaste
estaba hecho a tu medida
y para tu capricho
toda regla fue definida
No logro recordar
lo que fui antes de ti
pero si alcanzo ver
el paraíso que perdí

Las Voces de la Calle

Las voces de la calle
dicen que te has arrepentido;
que caminas por el valle
y yo voy resentido.

Las voces dicen
que tus sueños no se posan,
sea por suerte o el destino
o porque no vas por tu camino

Bendito tu día
y quien te acompaña
entre tanta confusión
un poco de bien no daña

Ves, esto no es real
te miras al espejo
y juras que no haces mal

Te predicas diariamenete
que té eres simplemente
alguien bueno, honestamente,
un amigo, humildemente

Bendita tu madre
y el día en que te trajo
porque los sacrificios hacen santos,
santos que enviaste al carajo.

Las voces en las calles
dicen que te has arrepentido
pero n ocamines por este valle
que aquí no tendrás a un amigo

Esquinas

Cada decisión nos llevará a una nueva esquina

Eduardo estaba inmerso en sus estudios. Tenía un examen de matemáticas el lunes a primera hora y necesitaba sacar una buena nota para no perder el curso. Su madre, soltera y con tres más, estaba ocupada en la cocina viendo las noticias que habían pasado los últimos 5 minutos al aire discutiendo el vestido poco halagador de una prominente política inglesa. Ella, fiel al principio de jamás perder un minuto de tiempo en banalidades, estaba planchando la ropa de sus hijos mientras se organizaba mentalmente para atender todos los pendientes que le quedaban a la semana.

-“Con tantas casas por visitar no me va dar tiempo de preparar la comida del jueves y viernes”, con lo que decidió preparar un bar de bocadillos.

-“Eduardo, ¡necesito unas barras de pan!” gritó desde el pasillo.

-“Estoy estudiando…” replicó Eduardo de manera poco audible.

El pobre tenía muchos problemas con las matemáticas y el sistema educativo no parecía ser capaz de corregir ese error. Era un buen chico que simplemente procesaba de manera lenta las ciencias. Sus profesores se quejaban de su falta de compromiso y dedicación aunque decían lo mismo del resto. Solo aquellos que aprobaban sus exámenes eran buenos estudiantes. Eduardo asistía a clase, hacía su esfuerzo por cumplir con sus deberes, obedecía las reglas y tenía un buen comportamiento. Nunca se le tildó de irrespetuoso ni de revoltoso. Él era uno más entre la marejada de jóvenes que pasaban los pasillos de la educación pública sin ser percibidos. El cumplía con su parte salvo con el detalle de aprender.

-“Debo aprobar el examen sí o sí… concéntrate”.

A cinco calles hacía el sur su compañero de Física, Juan, estaba escuchando música. Juan también tenía ese mismo examen de matemáticas pero ya había asumido que no aprobaría. Los profesores se dedicaron a la labor de criticarle desde hace años y para Juan, suspender era cumplir con los deseos de los demás. Las matemáticas no le daban problema, es más, las entendía a la perfección; lo que él carecía era la motivación para enfocarse en sus estudios y desatender sus otros menesteres. A sus 14 años, en plena pubertad confundida, Juan y dos de sus amigos que ahora viven en otra ciudad, decidieron robar una tienda de alimentación.

-“Ya verás que ni se van a enterar”. En efecto, los dueños de la tienda no se percataron del robo y lo que comenzó como un pequeño experimento juvenil se deformó en una manera de hacerse con un par de regalos. Sus padres le ponían poca atención al distanciamiento de su hijo único y se concentraban más en planificar las vacaciones del verano y re organizar las cuentas para comprar un nuevo teléfono en la temporada de rebajas. ´

-“Es solo otro adolescente; ya pronto entenderá”, decían.

Por lo menos la música de su playlist estaba bien por lo que Juan cogió su libro y lo sacó a dar un par de saltos y giros y más saltos al son de la música que poco o nada se le entendía. Y así se estuvo hasta que de repente cayó en cuenta que se le olvidó pedirle a su mamá que comprase un par de Coca Colas en el supermercado. Tomó su teléfono para llamarla para dar con el buzón de voz. Visiblemente sediento, cogió sus llaves y bajó a la tienda de la esquina para ver si conseguía algo. Sin embargo, esta estaba cerrada por problemas familiares.

-“Ah vaya”. Esa parte de la ciudad padecía de los famosos desiertos alimenticios y la tienda más cercana era el supermercado de 24 horas que estaba a tres calles subiendo la avenida principal. La idea de tener que caminar un poco por una Coca Cola le molestó por lo que se detuvo unos minutos para hacerse una pequeña lista de qué otras cosas podía conseguir. El supermercado, por supuesto, tendría un par de cámaras de seguridad y le haría la visita más complicada así que en el caso que fuese descubierto, aludiría a un descuido y lo devolvería. Se sentía algo incómodo con el plan ya que la última vez que robo de una tienda con un sistema de seguridad lo hizo acompañado de sus colegas y esta vez lo haría solo. Replanteó todo el escenario y finalmente llegó a una salida viable que le causaría menos problemas.

-“Eduardo… Eduardo, Eduardo, ¡por favor”! Sacudió a su hijo quien se encontraba absorto en una ecuación. “Eduardo, llevó más de una hora llamándote; necesito que vayas a comprar unas dos barras de pan”.

Eduardo no entendía porque su madre solo pensaba en él cuando necesitaba este tipo de favores, cuando sus hermanos podían ayudarle también, pero decidió no pelear. Bajó la cabeza, tomó el dinero que su madre había dejado al lado de su libro y salió con pasos pesados.

-“Asegúrate que este fresco”, fue lo último que alcanzó oír.

Al menos el camino hacia el supermercado era ameno. El ayuntamiento había ampliado las aceras y plantado pequeños arboles que en esta época del año se llenaban de retoños rosas y púrpuras. Ahora había bancos y más cubos de basura lo que vino a cambiar totalmente el aspecto decadente de su barrio. Aprovechó el momento y se tomó un descanso de unos cinco minutos para disfrutar de la canción que sonaba en sus cascos. Terminada la canción, cruzó la calle hasta llegar a la tienda.

Al entrar, saludó al dependiente en turno quien estaba observando detenidamente una pantalla. No se miraba de buen humor para nada. Eduardo hizo un poco de tiempo y se puso a hojear una revista de música que había en el estante. Le gustaba mucho la composición y la verdad es que se le daba bastante bien el tema.  

-“Alto ahí”, gritó el dependiente.

Eduardo devolvió la revista a su lugar pero inmediatamente vio que no hablaba con él sino con el chico que venía caminando hacia él – Juan.

-“¡Que te detengas, he dicho!” vociferó el dependiente. Juan no se dio por aludido y siguió caminando.

De repente el dependiente, visiblemente molesto y nervioso, tomó un arma y lanzó una última advertencia.

-“¡Que te he visto! Devuelve lo que llevas o haré que lo devuelvas”.

Juan, quien ya estaba a pasos de salir, vio su oportunidad de escape y la tomó. Se agazapó un poco y salió corriendo no sin antes oír el disparo del revolver cuyo ruido lo asustó tanto que le hizo perder el equilibrio. Aturdido por lo que estaba pasando pero plenamente alerta que la bala no le había dado, lanzó la bolsa de dulces y la Coca Cola al dependiente y salió corriendo.

Eduardo, sin embargo, no tuvo tiempo de reaccionar y sirvió de escudo para Juan. La bala le reventó la carótida y el joven murió en menos de cinco minutos. El dependiente había sido ordenado por su superior de detener cualquier robo y para ello le había dado un arma, so pena sería despedido.

La música en los cascos de Eduardo seguía sonando ininterrumpidamente y las personas seguían cruzando la esquina.

Pocas Palabras

Por qué decirte que te confío?
si tú ni me los números me cuentas.

Si te digo que extraño
me dices que lo sientes
y si dudo tus palabras,
me juras que no mientes.

Pero solo dices y eso es poco
y lo que dices me trae loco.

No solo de pan vive el hombre
y no son pasiones las que pido.
Simplemente un poco de atención
y tus abrazos como abrigo.

Se cuanto tienes y no es lo que busco
valoro más quien eres y con eso yo me luzco.

Pero por qué te distancias?
Como si el tiempo sobrara
y el corazón acatara.

A veces te comprendo,
tu manera de resolver
pero escojo la demencia,
a tu manera de ser.

Ya que si la distancia abonará
a la seguridad y a la confianza
el amor seguro se ahogará
con inmunidad y mala crianza.

No obstante prefiero creer en tus palabras y tus formas
prefiero ser fiel a lo que conozco y a lo que se informa.
Prefiero guardar silencio y no ser victimario
Y asi ahorrarme que en mi boca pongas el diccionario.

Ser la hoja que nada en el río
Tan simple y tan floja
pero libre en tu albedrío.

Débil

Si la necesidad fuera gloria, 
los animales la alcanzarían
y si la razón fuese solo historia
los sabios la olvidarían.

Si la búsqueda no trayera afán
el ideal de la alegría bastaría
pero confundimos caras con motivos
en los caminos y en las vías.

Dónde queda la fuerza, en la prueba del carácter?
Dónde esta tu valía, en los días desolados?

Fuimos criados para ser benditos y amados
Pero al tiempo nos damos cuenta
que nuestra dependencia poco alienta.

Juramos y maldecimos
prometemos y nos arrodillamos
bendecimos y besamos
tanto como juramos y traicionamos.

Porque somos débiles
solos y unidos
confundidos e insidiosos,
somos débiles,
valerosos y miedosos.