Dos gotas que se esconden,
Del cielo y la tierra;
Que disertan tu vista
Y enfilan tu juicio.

Dos gotas de oro
Oro puro y conciso,
En huecos de barro,
A tu faz trasnochada
Del justo y preciso.

Dos gotas de oro
Que cuentan tus fortunas,
De hecho en trecho
Del niño al hombre.

La labor de tus manos
De tu esfuerzo y orgullo,
Que engullen al resto
Y les escupen sin aviso.

Ojos como los tuyos
Que todo lo ven
En perlas y quilates.

Mides tus dientes,
Lo largo de tus uñas,
En pureza impoluta
Una vida resoluta.

Ojos como los tuyos
De oro precioso,
Que llevan la cuenta del día
Y el valor del minuto.

Como granos al tiempo
Se desliza el difunto,
Tus ojos lo estiman
Lo alaban y apremian.

Ojos de oro
Immutable e inalterable,
Que de entrañas salieron
En un trono de acero.

Ojos como los tuyos,
Que su gratitud le son deuda
Más la tuya son perlas.

Perlas sabias
En tierras paganas,
Que se la comen los cerdos
Y a tus ojos insultan.

Ojos como los tuyos
Ojos de oro,
Piadoso perdón
Amable vara en cordón.

Más ay de tus ojos
Y de su querido dorado,
Cuando el agua nos alcance
Te verán ahogado,
Y recordarás el día
Ese estilo despreciado,
Añorarás ir a la viña
Ciego y valorado.