Era un recorrido familiar. Al principio, lo observaba con ilusión que parpadeaba haciendo capturas del camino. Luego, solo le yacían dos esferas secas.

Era un recorrido en coche mientras el viento se escapaba agresivamente de sus manos. A su estela, susurraba invitaciones fugaces de lo que pudo ser, pero no lo era, de lo que es y podía ser. Adormecida por las marcas en su piel, las había ignorado. Les ignoró en la primera, en la segunda y la semana pasada.

Era un recorrido familiar hasta que su piel se erizó al sentir el timón en sus manos. Era un recorrido familiar hasta que no lo fue. Tiró valientemente del freno y esperó a recuperarse. Meditó en la comodidad de su silla y sobre el cuero de la consola central dejó reposar su última lágrima.

Era un nuevo recorrido y el viento ahora bailaba entre sus dedos. Ese nuevo recorrido le llenó de ilusión que ahora parpadea de emoción.