En tantos años de existir
y de intentar más que vivir
siempre queremos decidir
sobre lo que no podemos asumir.

Los soñadores sueñan, 
y los hechores logran
pero entre ambas ilusiones
o fuera de ellas
las murallas se levantan.

Ladrillo por ladrillo
y gota por gota
se forman hacia arriba
pero igual caen. 
Caen las ideas
y caen las murallas. 

Caen porque no somos absolutos
y su fundamento es temporal;
porque no nos conocemos
y todo es pasional. 

Que caigan los imperios
porque de ellos 
se corrompen los ideales
y se arrastran las naciones
por apoyar preceptos banales

Que caigan y se derrumben
para que el ingenio los levante; 
quizás entre los escombros
encontremos una fuerza pujante.

De que sirven las murallas, si no para aprisionar?
Porque el resguardo de los imperios
jamás se logró formar. 

Estos caen desde dentro;
lo de fuera es reflexivo; 
se corrompen sin sentimiento
y sucumben al presentimiento. 

Que caigan los imperios
y todos sus ideales
y que caigan sus murallas
con todos sus murales. 

Que lloren los bastardos
por cegar al resto
de que esto es todo eterno
y no es bueno ser honesto.

Que caiga este mundo, 
si al final sus imperios se devoran

La civilidad tiene su límite
y al final todo se repite. 

La guerra no es mi amor
pero es pasión de muchos
como si tiñendo la tierra de rojo
olvidaremos ignorar el enojo. 

Ojos teñidos de venganza
solo verán la lanza
lanza que atraviese los cielos
pero no la esperanza. 

Así que caigan los imperios
y los lobos a la puerta callarán
que renazca el ingenio
y estos nunca más podrán
aferrarse a sus amores
y apegarse a sus ideales

Que caigan los imperios 
y se acaba el cautiverio